jueves, 20 de noviembre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
ANArexia y BuliMIA

Ana un día dejó de serlo, no quería más, no podía más. Retorcida en su habitación sin apenas aliento para pedir ayuda se aferraba a los bordes de su cama y pensaba en Mía. Esa chica que siempre había estado para apoyarla. Unas dulces lágrimas corrieron por su esquelética cara y se perdieron para no ser vistas. Tras ellas no prosiguió un mar de desconsuelo pues la energía necesaria para ello se había esfumado semanas atrás. Sin embargo, seguía aferrada a su cama pensando que había fallado a Mía. La había conducido a una muerte segura, convencida de que era un juego de niñas que nada ocurriría.
Los días pasaron y con ellos la vida de las niñas. Nadie podía decir lo que ocurría y las mentiras disfrazaban cada una de sus hazañas. Días completos durmiendo, ropa demasiado holgada, malhumor con sus mejores hermanas, miedo a salir… todo un pequeño juego con tal de conseguir un hueco entre los glamorosos estadios de la moda. Pero como todo, tiene un fin. Y allí cuando el cuerpo no pudo más con su avaricia perdió la conciencia del tiempo. Al despertar nada le era familiar, nada tenía sentido. No pudo tampoco pedir ayuda pero le bastaba con poder permanecer el tiempo suficiente para observar aquel frío lugar donde ahora reposaba.
Meses después, parada frente al espejo comprendió que la belleza es sólo una tendencia y que con el tiempo dejaría de serlo tal y como la conocemos. Ya no sintió repudio sólo que había vuelto a renacer que en sus huesos había carne y energía. Un nuevo horizonte se abrió ante si y sólo tenía que caminar de mano de su amiga y afrontar el mundo con garra y seguridad en si misma. Pues ¿cuál es el precio que has de pagar para ser así?
*yo misma*
miércoles, 24 de septiembre de 2008
martes, 16 de septiembre de 2008
16 de septiembre

Los años pasan casi sin darnos cuenta. Son fugaces momentos en nuestra memoria. Algunas veces son bueno y otros son borrables, pero de todos aprendemos algo en esta vida. Sin embargo, aunque algunas vidas sean más fáciles de vivir que otras siempre guardaremos en común esos días en los que año tras año todos nos paramos a pensar y recapitulamos.
Y en mi memoria dos años cuentan desde hoy, en mi memoria guardo muy a mi pesar cada instante de este día. A veces consigo olvidar y suelo creer que más que una vivencia es parte de una mala pesadilla. Pero pasó un año y casi no me atormentó, no más de lo justo, y pasó otro y estoy como en el comienzo. Es un laberinto emocional y otras veces algo real, pues mis sentidos consiguen engañarme mientras duermo, mientras como, mientras vivo.
Como se suele decir el tiempo todo lo cura y harán falta muchos años más en los que tendré que recordar esta fecha como un tachón en mi calendario como una nota gris y sin música acompañada únicamente por pasos fúnebres.
El sol volverá a salir mañana y sobre mi cuello la cruz colgaré pues sin él no consigo tener fuerza. La luz brillará en mis ojos y daré por finalizado este episodio que se presenta año tras año.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
El mundo se para a mis pies

Una vez más el mundo se para a mis pies. ¿Qué pasa esta vez? ¿Dónde encontrar las respuestas que se esconden de mis pensamientos? No se como concretar lo que ocurre y mucho menos lo que siento. Sólo espero cubrir estas líneas como lienzos de mis cuentos. A veces, soy fácil y sin mayor miramientos puede uno conseguir de mí una sonrisa agradable. Sin embargo, mi mente anda envenenada por mi propio egoísmo. Soy incapaz de saber lo que quiero pero al mismo tiempo se lo que no quiero. Es una balanza que trato de cruzar a tientas y de la que no puedo salir o no quiero. Cualquier mano que roce la mía deja de ser amiga pues en mis adentros solo yo confluyo con vida. La luz que ilumina mi interior está atesorada muy cerca de mi corazón para poder sentir el calor de la vida, para poder sentir que aun estoy viva. Pero, entre tanto se va, se pierde, se esfuma en ese profundo mundo del que nadie ha sobrevivido, en el que aun nadie ha conseguido descifrar mis sentimientos.
Confundida, aturdida y cada vez con menos empeño de mi vida sigo despertando cada día, exactamente igual al anterior y el próximo a hoy. Caminando incesantemente por las tinieblas que dejan mis lagunas no consigo olvidar como me siento. Si tan sólo pudiera sentir esa felicidad que me solía iluminar la mirada, tal vez despertaría de este eterno y somnoliento viaje y una vez más haría mi maleta y partiría a lo desconocido. ¿Volvería entonces la pequeña soñadora? No lo se. Pero de lo que estoy segura es que hay una extraña dentro de mí. Una mujer o una niña que anda perdida por el sendero y que día a día es más infeliz.
*Yo misma*
viernes, 11 de julio de 2008
¿Pena?

No obstante, cuando el pesimismo me ensombrece y me visita cada noche aun ahogada en lágrimas recurro al futuro. Esa línea en el tiempo llena de sorpresas, en el que si un día fui feliz e inocente pronto llegará el momento en el que aunque sea recuperaré parte de esa felicidad y que los grises días que me retuercen el corazón pasen a ser momentos lejanos de la historia. Esa clase de recuerdos para los que son necesarios fruncir el seño y hacer memoria.
No soy desgraciada, ni mucho menos. Sólo estoy incompleta. Sentimiento egoísta sin duda pues tengo un novio maravilloso por el que daría hasta mi vida, una familia de la que me siento más que orgullosa y a la que adoro, un futuro brillante y miles de oportunidades. Más allá de todo eso mi alma sigue en pena constantemente, frustrada y sin saber que necesita. Pidiendo a gritos ser rescatada. Tal vez, necesita descanso y transparencia. Basta de mentiras y de engaños, basta de egoísmos y de desencantos. Necesita que por una vez en la vida no sea ella la que vele por todos y a la que una y otra vez hieran sus seres queridos, pudiendo así descansar tranquila y dormir eternamente el sueño que le ha tocado vivir.
Con miedo o sin él, hemos de afrontar nuestras penas y cargar de alegría nuestras vidas aunque eso supongo aguantar las heridas que nos provocan pues de lo contrario sólo conseguiremos dañar a nuestros seres queridos en un acto puro de egoísmo. ¡¡Dame fuerzas universo!!
martes, 10 de junio de 2008
Cancion de amor

martes, 20 de mayo de 2008
Te quiero

miércoles, 26 de marzo de 2008
Final del trayecto
sábado, 8 de marzo de 2008
Olvido

Y mientras de fondo escucho esa tenue melodía que me acompaña entre violines y vientos, descubro que al fin he levantado la cabeza y dejado de estar enfadada con el mundo pues no soy yo la que tiene que estarlo, es el propio mundo el que se enfada conmigo. Quién lo diría, así se declara siempre el culpable, inocente. Sin embargo, doy fe de mi entera inocencia. Tal vez los ánimos caldeados y llenos de odio evitan que con la misma claridad con la que yo distingo mi candidez lo hagan los demás. Horas enteras han dado lugar a mi estirpe personal. A la dejadez de las cuestiones sencillas y ufanas revoloteando sin cesar en mi mente. Y sin venir a cuento me valoro por dentro, me valoro por fuera. No es fácil enfrentarse contra uno mismo, alzar las manos y ver nuestras propias verdades inicuas.
Tal como si fuera un flash, me vi sentada junto a un homologo de mis problemas. Él permanecía levantándome la vista mientras me sujetaba el mentón y las lágrimas corrían abiertamente por mi rostro amoratado. Cuando apenas las palabras tomaban forma fuera de mi garganta, él las dibujaba por mí. No olvidaré nunca como quitó el velo de mis ojos mostrándome en un espejo, abriéndome las puertas que habían sido vedadas a mi entendimiento. Entonces no comprendía lo que veía y ni tan siquiera sabía si me gustaba aquello que reflejaba. A fin de cuentas son momentos que se pierden que pasan al olvido, que son engullidos por la eternidad.
Ojala no se fuese, ojala siga siendo su niña de ojos lagrimosos que no entendía la culminación de la vida. Aquella caprichosa que fea por fuera se lo creía también de corazón. Por cuantos queremos, por cuantos amamos deberíamos poder elegir que su vida continúe que su cuerpo perdure. Pues aquí sentada ya he perdonado al mundo que gira y giro yo con él. Necesito una bocanada de aire y sin embargo hasta eso me negaría si con ello él respira. Quiero creer en la fuerza de mi esperanza, en la garra con la que mis lágrimas lo observan tumbado en su cama pero me venzo cuando nadie mira, me derrumbo en silencio. Son estas las únicas palabras testigo de mi alma en pena, que al fin alza el vuelo y expresa el terror que la mantiene presa.
Soy conciente de que ya no escribo para mis adentros que lo hago para mis afueras y mis concilios. Soy conciente de que me preguntarás el motivo por el que te dejé fuera de mi dolor y por primera vez negaré haberte dejado fuera pues como yo has sentido la ira que me carcomía los huesos, que me estrujaba el cerebro que me empujaba al vacío. Y sin con tus consuelos no conté fue porque aun me he negado a que me consuelen, aun persisto de dejarlo ir […]
[…] aquí he dejado una parte de él y una parte de mi y que el olvido no se encargue de engullir los recuerdos de nuestra historia.
*yo misma*
jueves, 6 de marzo de 2008
Espejo

Que hondo tocó mi corazón, desgarrado, amancillado, olvidado. Al poner mis manos sobre el pecho apenas consigo distinguir entre la tristeza que me invade y sus leves y distantes latidos. No obstante, sigue latiendo, luchando por darme vida, luchando por hacerme olvidar al tiempo que me trae a la memoria todos aquellos momentos en los que bajo al alféizar memorizábamos a tiempo compartido. Dichosas las tardes que morían en nuestras risas juveniles. Y mientras más lo pienso peor me siento en lugar de hervir por dentro. Nunca imaginé que tus palabras desligaran el odio con el que me golpeaste una y otra vez. Tal vez, absorta dejé de protegerme y con miedo dibujé la sonrisa burlona que esconde la verdad de este sentimiento que me desgarra lentamente.
Ahora, mientras escribo, recuerdo la situación y mi impotencia me desgasta al ser incapaz de comprender el motivo por el que descubrí rencor en tus andanzas. Temblorosa sin duda permito que de mis adentros fluya la rabia que contengo. No espero entender la grandeza de mi descontento y mucho menos tu intención con decorosa. Pero aun guardo una brizna de esperanza…
martes, 4 de marzo de 2008
Dante

La fría noche caía sobre la población de Dante, un pequeño pueblo que estaba en la costa de la coronada. Por ese entonces los campos estaban sedientos de magia, pues una sequía de recursos azotaba a la población. Es por eso mismo por lo que la población con gran ilusión salía de sus casas para recibir a la llegada del tiempo Créstico. Este se caracterizaba por lluvias de polvo de hadas, tornados de púas de niux y otras muchas cosas que solían aportar un caos. Sin embargo, este año era diferente no existía miedo todo el mundo estaba seguro y afrontaban la llegada de este periodo como un paso más en su vida.
La pequeña población de Dante, hacía diez años que no veía algo similar. Las casas comenzaron a sepultarse por los polvos de hada, que en tan solo una hora ya cubrían un palmo del suelo.
La imagen era enternecedora, los niños tiraban bolas que no encontraban una caída y flotaban en el ventoso viento como los globos de helio.
Cuando la noche cayó en el pequeño pueblo todas las casas encendieron sus chimeneas y permanecieron horas interminables junto a la ventana viendo como su mundo se reconstruía.
Tan solo unos siglos atrás, disfrutaban del paraíso más bello jamás conocido. Los hombres que vivían por aquellas épocas habían aprendido a utilizar la belleza de la magia y a convertirla en su más fiel aliada.
- Abuelo, abuelo. Cuéntanos otra vez la historia de la historia del tiempo. Anda por fa – una niña de apenas unos seis años de edad saltaba en las rodillas de su abuelo. Esa historia que siempre había sido un recuerdo en los corazones de los Danteses se pasaba de generación en generación.
- Esta bien querida, te lo contaré una vez más – el anciano tomo un sorbo de una taza de chocolate y se ordenó su pintoresco bigote – Todo comienza con la llegada del meteorito Dante a la faz del planeta Nicornio. Lo que en un principio parecía una desgracia…
domingo, 2 de marzo de 2008
Lenguaje Universal

jueves, 28 de febrero de 2008
Sueño eterno

¿Cómo explicar una emoción que ni siquiera se da a entender? Así lloraba en mi interior pues la confusión rompía mis entrañas. Día y noche, meses enteros bajos la luz de la perpetua pregunta ¿cuándo acabaría el dolor visceral? Cansada, dolida y sin estabilidad sabía lo que quería, al menos eso creía. Allí, junto a la ventana cientos de noches me pregunté ¿dónde estaría?, ¿qué haría?, ¿se acordaría de mí? Vislumbraba aquellos pequeños instantes en los que de niños y no siéndolo tanto bromeamos incansables.
Que amarga la soledad, que amarga cuando amas de verdad. Con mi corazón entregado aunque en secreto aguardaba el momento en que la voluntad, el valor e incluso el tiempo me permitieran mirarle a los ojos y descubrirme ante él. Mis manos añoraban un sueño nunca vivido y hasta mis besos estaban siendo robados pues ni uno llegaba al destino añorado. Largos, eternos pasaron los años y aun en secreto lo seguía amando.
Tan sólo un instante me hizo falta. Tan sólo uno para recobrar voluntad, valor y aprovechar el tiempo que me habían otorgado y así por fin mirarle a los ojos perdiéndome en sus cálidos besos. Añoranza en mi corazón y llenas de júbilos unas tímidas lágrimas corrieron desesperadas por mi rostro escondido bajo la oscuridad que protegía mis más profundas emociones. Cerrando los ojos acariciaba el sueño que tantas veces había deseado. Un sueño tan hermoso que no existe tiempo, ni lugar para desplegarlo y con ello mi corazón aun late fervientemente, enamorado y embrujado desde aquel día.
Violencia

Qué se puede hacer cuando en nuestro entorno se comenta pero no se actúa. Qué se puede hacer cuando las voces de miles de mujeres son acalladas día tras día por los golpes de la vida. Muchos de nosotros, sentados en nuestros cómodos hogares, cambiaremos el canal cada vez que se repita la misma imagen, mientras los vecinos comentan lo maravilloso que era él con todo el mundo. Seguiremos alimentando el desden de esos inmundos despiadados que con sus manos ostentan un poder omnipotente.
Siento lástima por el miedo que provoca la indiferencia, por sentirme con las manos atadas a la espalda pues en mi intento de proteger o de ayudar no consigo más que un arma en la puerta de mi casa. El mundo que creado para el disfrute de las personas se convierte en un minado campo de concentración y ni el ágil ni el rápido es el mejor…
martes, 26 de febrero de 2008
Trayecto efímero

Una parada más, una más, otra y sin detenernos en la estación continúa el viaje. Con curvas, con rectas, subidas y bajadas, lágrimas en los asientos traseros, disputas entre enamorados, risas sin sentido y otras con respeto, amargas despedidas, besos perdido y otros encontrados… y podría seguir viajando en su interior, viviendo sus emociones. Por sus almas corre el último aliento como por la mía y en el viaje descubriremos los mejores y los peores momentos escudriñados de nuestros sensibles ojos.
En fin, suspiro una vez más al llegar al viejo caserío. Allí, un día prometí construir mi hogar. Al mirarlo una vez más, las paredes antes hermosas, apenas lucían entre los arbustos silvestres, y las ventanas por donde se colaba la luz del nuevo día mañana tras mañana permanecían fantasmales y rotas por los criminales desalmados. Una parada más y entonces alcanzaré la cima. En mi interior busco reunir el valor suficiente para alzar la vista fuera y vislumbrar lo que un día fue mi núcleo familiar. Desolada, transgredida he llegado al mayor recuerdo terrenal. Mientras las primeras lágrimas corrompen mi inmaculado ser el silencio se acentúa a mí alrededor y al desviar la mirada del stop más doloroso de mi tortuoso camino, allí está de pie en el pasillo, la personificación de mi propio miedo y desolación. ¡Piedad! Las manos rejuvenecen y cobran vida para protegerse. El cuerpo abandona su serenidad post muerte y se incorpora para golpear con fuerza los cristales por donde como una simple espectadora había ido cruzando la línea entre la vida y la muerte. Apenas sin aire en los pulmones, con la respiración entre cortada y con horror pude comprobar como la sangre emanaba de mis muñecas.
En vano gritaba, pues nadie acudiría a ayudarla. Y mientras más se acercaba la muerte más lo hacían sus mejores momentos, sus recuerdos más intensos. Tal vez debiera decir que fue esa su última parada, en ese oscuro lugar donde se quito la vida. Sin embargo el motor cobró vida una vez más y la luz entró en el vehículo dando cabida a los sonidos, aromas y demás pasiones que rodean la vida de las personas. Aun goteando se incorporó y con la frialdad de sus propias lágrimas logró cerrar las heridas que tardan aun en sanar […]
Y joven y adulta, niña pero anciana. Así volvió la mujer de mi historia a su realidad. Sanada pero envenenada de mente. Algunos la miran con vehemencia y otros sin más no saben de su oscuro pasado. Lástima que está patente, lástima que no se puede borrar, lástima que esa chica aun pregunta la parada para bajarse en la estación.
Amor de verano II

Ambos, párroco y sobrino, entraron a la vez por el gran portón de mármol y con armonía se dirigieron al encuentro de sus anfitriones. El eclesiástico, por su parte parecía más que acostumbrado al nivel económico de la familia, sin embargo, el joven Bastian Brisson observaba con determinación cada rincón del recibidor. En su rostro no había rastro de asombro, o al menos no le pareció a Joséphine quien hizo una larga reverencia evitando cruzar su mirada con la de Bastian. Después de un intercambio de palabras entre los adultos, Claire invitó a que le siguieran al comedor donde una alargada mesa maciza ocupaba el centro de la instancia. Todo había sido decorado para la ocasión.
Joséphine recordó la última vez que había cenado en ese gran comedor. Ocurrió meses atrás, cuando los aires revolucionarios empezaban a llegar a Paris. No logró comprender ni una sola palabra de las que se pronunciaron esa noche y aunque lo hubiera hecho su padre le tenía terminantemente prohibido interrumpir las conversaciones varoniles. En aquella ocasión todo parecía mucho más detallado y minucioso. Incluso los señores Dumont de Sainte Croix vestían unos atuendos mucho más lujosos.
A lo largo de la cena todo se desarrolló con calma y sin ningún percance. La joven se supo comportar y al mismo tiempo miraba de reojo a ese muchacho que para ella era un misterio increíble con sus aires parisinos. Las risas inundaron la mansión tras las copas de una fuerte bebida alcohólica producto de la casa que el señor Dumont de Sainte Croix sirvió al párroco Timothée. Poco a poco fueron pasando las horas y sin darse cuenta la media noche les asustó al dar las doce el reloj de cuerda del colonial salón donde ahora hablaban placidamente.
Timothée, sonrojado, se levantó de su asiento y se disculpó con el alcalde. A continuación se despidió de las dos mujeres de la casa y seguido muy de cerca por su sobrino abandonaron la estancia para dirigirse de vuelta a la iglesia. La noche había pasado muy deprisa y los temas de conversación aunque insensibles totalmente para Joséphine no le habían hecho dormitar como en otras veladas. Con la emoción aun en el pecho y rezando haber causado buena impresión la pequeña se fue a dormir imaginando como sería besar a un chico más mayor que ella.
Algunas semanas pasaron después de aquella entretenida velada hasta que por fin estuvo a solas con Bastian Brisson, el joven más codiciado por las solteras del pueblo. No había chica que no suspirara por él. Se había convertido en una epidemia y todas se encargaban de ocuparlo día y noche para que pasara una estancia agradable. Con este revuelo entre las mujeres, los hombre de lugar no paraban de mirarlo con desprecio y desgana e incluso hubo alguno que le pidió al pobre párroco que encerrara a su sobrino o que lo mandara de regreso a Paris. A lo que por supuesto, don Timothée había respondido que sólo pasaría unos meses y no era más que un joven enamorado del arte.
Joséphine, quien había desistido completamente de él, nadaba tranquilamente en el lago cerca de su hacienda, despreocupada del mundo en el que vivía. Nunca se imaginó que al tumbarse en la tierra él saldría a su encuentro para hablar con ella.
- ¿De dónde has salido? – preguntó asustada la joven incorporándose y buscando a tientas su ropa para cubrirse
- Paseaba por la zona y te he visto – respondió Bastian acercándole la ropa
- ¿No estas un poco lejos del pueblo? – preguntó rápidamente Joséphine para evitar el silencio entre los dos, sin embargo al momento se le ocurrió otra pregunta más acusadora - ¿Hoy no tienes planes con alguna de las muchachas del pueblo? – se apresuró a preguntar antes de que respondiera
- Pues la verdad no. Hoy decidí que el día debía ser para algo productivo. Algo pasional. Verás, no tengo interés en cortejar a ninguna de todas esas jóvenes. La vida no se fundamenta en el amor carnal es algo más que eso – Bastian hablaba con armonía y al darse cuenta de que Joséphine le escuchaba atentamente y como una niña con juguete nuevo él continuo hablando sin parar durante horas.
La tarde pasó rápidamente y pronto el sol dejó de cubrir aquellos bastos terrenos. Cuando el joven Brisson dejó a Joséphine en casa esta corrió a su cuarto saltando y dando vueltas sin parar. Había sido la mejor tarde de su vida. Cada una de las palabras que salían de su maravillosa boca parecían pétalos que rozaban su fina piel. El sonido de su voz mezclado con el de la suave brisa e incluso el armonioso movimiento de sus manos al tratar de mostrarle la visión del mundo moderno. Cuantas ideas emanaban de su corpulento cuerpo. ¿Era posible que hubiera un mundo mejor fuera de ese pueblo? Las preguntas danzaban en su cabeza de forma desordenada. [...]
jueves, 14 de febrero de 2008
Amor de verano

Un domingo como otro cualquiera la nación entera asistía a misa. Era de esperar que todas las familias de alto nivel no faltaran pues no estaba bien visto el desinterés religioso. Todos sabían que además, se trataba del mejor momento para cerrar tratos que no habían sido concluidos o incluso para cotillear los nuevos sucesos de la semana. Por cualquiera que fuera el motivo, todos acudían a misa sin posibilidad de oposición.
El día no distaba de cualquier otro. La emoción, el sonido, los olores todo era igual, nadie podía imaginar que aquel mismo día cambiaría la trayectoria de una pequeña ciudad olvidada de la mano del mundo. Los niños corrían despreocupados y los adultos apuraban los últimos minutos antes de entrar en la pequeña y oscura iglesia.
La familia Dumont de Sainte Croix permanecía cerca de la entrada saludando a todos los feligreses junto al cura. Era costumbre de la pequeña ciudad que el alcalde los saludara al entrar en la iglesia junto con su familia, de esa forma el contacto con sus ciudadanos se hacia patente. Su mujer era una dama de alta clase con pelo oscuro a pesar de ser de linaje francés puro. Las malas lenguas decían por ahí que su delgadez era fruto de la infelicidad que sufría en su gran mansión. Su hija, por el contrario era la viva imagen de su padre. Tenía unos ojos verdes y el cabello claro como los reflejos de la luna. Al igual que su madre parecía desgraciada pero se esmeraba en sonreír pacientemente a cada uno de los asistentes. El alcalde por su parte, era un hombre poco común con rasgos muy pintorescos, nariz fina pero grande, ojos saltones y labios finos. Sus cabellos parecían petrificados pues no se despeinaban ni con el viento más huracanado. Además, tenía una presencia peculiar que la gente adjudicaba a las enseñanzas de su difunto padre militar.
Cuando todo el mundo hubo entrado y ocupado sus asientos las puertas de la iglesia fueran cerradas por unos mozos y la misa dio comienzo. El sermón fue intenso a pesar de que muy pocos de los asistentes prestaban la atención que merecía. Los jóvenes no paraban de analizar a las muchachas que habían dado un gran cambio de un año para otro y susurran planes para atraerlas. Los ancianos que habían perdido parte de la audición cabeceaban de aburrimiento. Las mujeres de baja casta social acurrucaban a sus hijos mientras evitaban que el resto de su regimiento alborotara y los hombres miraban al suelo concentrados en sus roídos zapatos. Apenas unas cinco familias guardaban la compostura pues habían sido bien instruidos en modales sociales. Con la última palabra del párroco el silencio sepulcral que había en la bóveda desapareció y todos se pusieron en pie y comenzaron a hablar.
Charles Dumont, alcalde de la ciudad, se acercó al párroco y dedico unos cuantos elogios a su extraordinario sermón. Luego, tomó a su mujer del brazo y seguidos por su hija salieron por la puerta principal de la iglesia. Ese gran día soleado de verano se había vuelto gris y las primeras gotas de lluvia se precipitaron al suelo. La familia esperó resguardada hasta que el coche llegó a recogerlos. Sólo seis familias disponían de automóvil en la ciudad y el alcalde era una de esas personas afortunadas. La pareja no lo dudó y se dirigió al vehículo para evitar mojarse, sin embargo, su hija, Joséphine, se lo pensó dos veces. Las tímidas gotas que habían caído inauguraron la gran tormenta que se desató en el acto.
Claire, la esposa del alcalde, sacó la mano fuera del vehículo e hizo señas para que la joven se apurara y corriera por la plaza antes de que la tormenta se tornara a peor. Joséphine miró a su alrededor y comprobó como todo el mundo corría en todas direcciones y se lanzó a la muchedumbre recogiendo las enaguas de su vestido para mancharlas lo menos posible. Se hacía imposible llegar con facilidad a su destino. Nadie le permitía paso y se chocaba constantemente con alguna madre desesperada que cargaba a sus hijos o buscaba a alguno perdido. Un niño salió corriendo descontrolado y se cruzó en su camino, al intentar esquivarlo tropezó con un charco de barro y calló torpemente al suelo. Su hermoso vestido se ensució toscamente y sus manos se limaron con la superficie pedregosa de la plaza. Alrededor la gente parecía no haberse percatado de que ahí estaba, tirada en el suelo y dolorida.
-¿Está usted bien? – preguntó un joven ayudándola con delicadeza. Tenía unas manos grandes y suaves. Cuando lo miró a los ojos se perdió en ellos y se ruborizó al percatarse de su torpeza.
-Si gracias, es muy amable. Mi padre me espera – le dio las gracias y llegó hasta el coche donde sus padres la esperaban impacientemente. Luego miró tímidamente por encima de su hombro y pudo ver a ese apuesto muchacho parado en medio del gentío mirándola. Nunca antes lo había visto y tampoco sabía de ninguna familia que tuviera huéspedes en estos días. La ciudad era muy pequeña y nadie pasaba desapercibido en ella.
Durante la siguiente semana pasó mucho tiempo pensando en ese encuentro, en esas suaves manos. Más de una vez la señora Viviane Coiter, su institutriz, perdía la paciencia con ella pues no conseguía que permaneciera concentradas más de media hora. Su mente seguía mirando fijamente esos marrones ojos. Su corazón no podía evitar vibrar de emoción al darse cuenta de que los días pasaban y tal vez lo volvería a ver en la misa.
Un Domingo más llegó, para todos no dejaba de ser un día normal, pero para la pequeña Joséphine era un sueño. Sus atuendos fueron mucho más ostentosos de lo normal y al salir del automóvil pellizcó insistentemente sus mejillas a razón de sonrojarlas lo más posible. Se veía radiante y llena de vitalidad.
Uno a uno fue dando la bienvenida a todos los asistentes como era común, pero para su sorpresa el último de los hombres entró y el misterioso muchacho no llegó. La familia Dumont ocupó sus respectivos asientos y la misa comenzó. Timothée, el párroco, los bendijo a todos y antes de dar comienzo a la ceremonia hizo un inciso e hizo llamar a alguien que permanecía sentado en las sombras. Cuando la luz se reflejó en su rostro el corazón de Joséphine se desbocó. Junto al párroco estaba el misterioso muchacho que Timothée presentó como su sobrino. Pasaría todo el verano en la ciudad antes de regresar a Paris donde continuaría su educación. Tras esta aclaración el joven, Bastian Brisson, volvió a su lugar y la misa prosiguió. Al terminar como de costumbre Charles Dumont se acercó al párroco y cruzó unas palabras con él, luego todos volvieron a su vehículo incluida Joséphine que miraba tímidamente por la ventana.
-Esta noche vendrá a cenar el párroco y su sobrino – anunció Charles cuando el vehículo se había puesto en marcha
-Si cariño – acentió Claire sin nada que añadir
Su corazón dio un vuelco. Para Joséphine eran demasiadas emociones fuertes en un mismo día. Iba a compartir mesa con Bastian y no sabía si quiera como entablar una conversación madura con él. El camino hasta la casa se hizo eterno y los kilómetros que separaban la iglesia de la mansión Dumont parecían no terminar. Cuando al fin entraron en los jardines y el vehículo paró Joséphine salió corriendo y entró en la mansión. Necesitaba gritar de excitación pero una dama jamás revelaría sus sentimientos y mucho menos alzaría la voz. Se sentó en una butaca en el salón y observó como las manecillas del reloj pasaban y pasaban.
Todos los criados se movían con velocidad y agilidad de un lado para otro dejando cada detalle por mínimo que fuera perfecto. Apenas faltaba una hora para que los invitados llegaran y Joséphine estaba impecable pero sus nervios amancillaban su nobleza. El ajetreado ir y venir de los criados le ponía aun más nerviosa, sólo con el dulce pasear por el jardín encontró al fin paz y tranquilidad. Los largos días de verano permitían que aun siendo la hora que era pudiera disfrutar de la claridad de un apacible paseo. El tiempo parecía detenerse entre paso y paso y la suave brisa proveniente del norte era un regalo para el cuerpo. Siempre que la muchacha se sentía defrauda por la vida, engañada por la sociedad y acallada por los hombres paseaba largas horas evadiéndose de la realidad cultural. Era su salida, su escape espiritual y no conocía mejor forma que la de caminar hipnotizada por los aromas y sonidos de la naturaleza [...]
*Yo misma*
miércoles, 13 de febrero de 2008
martes, 12 de febrero de 2008
Siempre te amo

pd.: tan sólo decir que te quiero con locura. Es posible que esté algo loca...¿quién lo duda? y que a veces meta la pata hasta el fondo. No pretendo hacerte daño nunca pero como se dice en el amor y la guerra... no recuerdo como sigue jaja... va al grano... que te amo con locura y no pretendo hacerte daño nunca porque eres lo más importante para mi ahora y siempre. (ains) :P jeje
lunes, 11 de febrero de 2008
Relax

miércoles, 30 de enero de 2008
Abismo de almas

Hubo un tiempo que las miradas se entrelazaban sin necesidad de tocarse. Fue entonces cuando las tardes parecían regalos a su lado y las noches bendiciones. Pero tardía era la hora en que los amantes habían dejado de serlo quedando un abismo entre ambos.
martes, 29 de enero de 2008
Is Just a Bad Day
Es posible que las mismas emocines nos persigan a todos. Y tal vez todos diremos al prógimo es sólo un mal día pero como sienta en carne propia, ¿cierto? Esas mismas palabras que dirías a un buen amigo oídas hacia ti suenan como un permanente dolor de cabeza. Es sólo un mal día me repito en alto y de mis labios suena aun peor, ¿qué consuelo encuentras entonces? La pura y asquerosa verdad es que no existe consuelo, ¡¡chan!!
-¿Cómo que no existe consuelo?- preguntarán estupidamente algunos. NO, no hay consuelo para un día que empieza con el pie izquierdo y que promete terminar igual de mal. Así que, ¿Qué otra cosa nos queda? La resignación... ohhhh... ¿¡Qué coño es eso!? Aceptación con paciencia y conformidad de una adversidad o de cualquier estado o situación que perjudica o hace daño... Eso diría un listillo, un catedrático, un lingüista, pero yo digo que fue una palabra inventada para hacer más débil, para ser más sumiso. Sin embargo, quién soy yo para poner en tela de jucio nuestras propias emociones y subsanaciones. Nadie, simplemente nadie. Un cúmulo más de atropellantes emociones que no sólo se ha levantado con el pie izquierdo sino que vive con él... No no... que no... esa es la respuesta a todas las preguntas que ahora mismo se les están pasando por la cabeza. Don de algunas saber de antemano y adelantar mis respuestas. Y si...seguro que se preguntan que fue lo que ocurrió para que escribiera de forma atolondrada y sin sentido, sin enlaces y metáforas... sólo la escritura y mi mente al descubierto. Sencillo, es más, obvio.
[...]
*yo misma* (como siempre)
sábado, 26 de enero de 2008
El deseo de la mentira

viernes, 25 de enero de 2008
Aquel día fue uno más en la vida

Aquel día en lugar de subir a su coche subí al mío. Aquel día en lugar de besarlo por última vez nos dimos la cara y cada uno siguió su camino. Y con cada paso el peso de mi pecho me rogaba que diera la vuelta y arreglara la situación. ¿Qué ganaba luchando por mi orgullo? ¿Qué ganaba rozando su fina piel por última vez?
Y como vida de burgués me trató con desprecio y sin compasión ignorando cada uno de mis intentos por volver a sus brazos. Una vez más cruzaba los dedos para que descolgara el teléfono y una vez más oí como los pedacitos de mi músculo motor caían al suelo de forma estrepitosa. No obstante, está vez fue distinta pues una voz me sorprendió, fue entonces cuando el engaño me ahogó. Cualquier cosa hubiera sido mejor que saber que ella ocupaba mi lugar, allí junto a él donde debiera estar yo.
No olvidaré como las manos me temblaron y el paseo arrítmico que llevaba por la habitación acabó con un torpe tropezón. Mi voz quebradiza lo despidió y mientras retiraba el teléfono de mi sonrisa angulosa comprendí que una etapa nueva daba comienzo en ese mismo instante. No hubo una respuesta a la llamada ni un intento de contacto tan sólo un vacío dentro de la caótica habitación.
Meses tuvieron que pasar hasta que mi alegría rozara el firmamento perdida en ningún sitio de América en compañía de la humanidad y la belleza de la infancia. Aquel día fue uno más en la vida. Aquel día debía ser uno más para mí, sin embargo, sería una embustera si afirmara no haber sentido desprecio, odio, repugnancia en una fracción de segundo. Una mezcla de emociones que surgieron al oír su trémula voz al otro lado del mundo.
Aquel día muchos dicen que debí darle una segunda oportunidad. Aquel día dicen otros que rogó por mi amor lo que no haría un mortal en la vida, arrodillando sus doradas rodillas acomodadas. Y por más que oía sus palabras no procesaba el motivo de su regreso. ¿Qué pasaría si cedía ante sus elogios y promesas? ¿Qué pasaría si deseara estar con él?
Parada entre las miradas de los curiosos que esperaban mi reacción, tomé la decisión más dura de mi vida, colgué sin decir si quiera adiós o que te valla bien o se acabó. Sólo cerré nuestra única conexión y tiré una vez más la posibilidad de regresar a esas cálidas tardes junto a sus abetos o esos eternos paseos por la playa tratando de evitar los juegos que se nos venían a la mente.
Decidida levanté la vista y traté de olvidar los muchos recuerdos que comenzaban a empapar mi mente. Saqué de mi mente poco a poco hasta el sonido de su voz y volví a mi solitaria vida concentrándome en mis planes de futuro. ¿Cuál sería mi siguiente objetivo? ¿Dónde acabaría o empezaría mi vida?
Nadie pudo entender lo que tras unos meses tuvo lugar. Las maletas en la puerta una vez más. El pasaporte disfrazado de mentiras y un pasaje para el mundo que me esperaba, que devoraría con sólo pisarlo. Llena de ilusión me disponía a sentir la emoción del nuevo mundo. Sola ante lo que viniera, sin poder contar con nadie sólo con mi propio por venir. Así fue como empezó la gran aventura de mi viaje por el mundo. Sin saber cómo desperté en una gran comarca, Mendoza, con sus vinos y montes, con sus gentes y calles, sus noches y días. Sin saber cómo me enamoré de sus paisajes y de las semanas que transcurrían en mi calendario.
Pero, aquel día fue uno más en la vida. Aquel día debía ser uno más para mí, sin embargo, sería una embustera si afirmara no haber sentido miedo, reprobación, histeria en una fracción de segundo. Una mezcla de emociones que estallaron en llanto al descubrir que su cuerpo me deseaba, al descubrir que me citaba al encuentro.
Aquel día la debilidad de mi mente me hizo ceder. Aquel día en lugar de huir de sus palabras caí enredada cual insecto en una tela de araña que se encuentra al asecho y no perdona a su víctima. Allí junto a la hermosa fuente, allí esperaba sentado. Parecía apacible como siempre, distraído con el ir y venir de la gente. Paso a paso me acerqué con miedo.
[…]
lunes, 21 de enero de 2008
Miedo a caer

jueves, 10 de enero de 2008
Un amor inmortal

La tentación me llama a mojarme los labios con los tuyos y la necesidad de acercarme más y más a ti para sentirte respirar se hace cada vez mayor, incontrolable. Desbocados los corazones se encuentran arropados con las caricias que fueron negadas tiempo atrás por tozudez, por inmadurez, por vergüenza o incluso por amor ¿quién sabe? No analicemos el tiempo perdido sino pensemos en como invertir el nuevo que se nos habré ante nuestros ojos, los próximos minutos, horas, días… toda una vida de caricias y besos como el primer día que bajo la expectación de cientos de miradas traviesas tuvo lugar nuestro primer beso. Aquel día que pareció un silencio absoluto en medio de todo un alboroto. Vivo y vivo una y otra vez aquel instante en el que sin darme cuenta me entregué en cuerpo y alma para siempre. Estúpida tal vez piensen algunos, ilusa otros pero mientras mi corazón continúe latiendo como hasta ahora no habrá forma de hacerme cambiar de parecer.
miércoles, 9 de enero de 2008
martes, 8 de enero de 2008
Carnaval Carnaval
